Poema… México-Tenochtitlan


México-Tenochtitlan

por Luis S. González-Acevedo

Aún la noche impera.
Duerme el sol en lo profundo
de un espejo azul.
Aún sus ojos no contemplan,
frente a frente, su reflejo.
Un reflejo que no miente
y día tras día dicta quién es.

En la oscuridad del campo,
corriendo desnudo, abriéndose paso
entre la flora tropical,
desesperado y angustiado,
se proyecta un hombre de ojos verdes,
dueño de un alma transparente.
Cae su cuerpo empedernido,
su pecho sobre tierra
y su rostro sumergido en un charco tropical.
¿Dónde están tus fuerzas hombre?

~ ~ ~

Gotas de sereno besan tus ojos.
Te traen sueños y paisajes,
y aunque olvidarlos quieras,
tu alma teñida no podrá.
Moctezuma, padre mío…
¿Quién contará tu gloria?

Fuiste dios y rey
del magno Imperio Azteca.
El oro: tuyo, el dominio: tuyo,
en esencia, todo: tuyo.
Nadie te miraba el rostro.

¡Qué cambio hubo en tu semblante!
Cuando al fin tus informantes
impotentes revelaron la noticia
de los dioses que marchando
se acercaban a tu reino:
México-Tenochtitlan.
Sentado sobre el trono Azteca
inclinaste la cabeza sin palabras,
sin llanto y sin lágrimas
lanzaste tu llorar.

Principio de dolores fue aquel llanto silencioso.
No sólo el reino perdiste en un momento;
sino también la dignidad.
Subiste al tope de tu prisión y aposento
con la intención de dominar a un pueblo indomable.
Esperando ver a un rey, contemplaron prisionero
y para aquellos que en un tiempo fuiste dios,
ahora sólo un pobre diablo encadenado.
Quebrantaste el corazón de un pueblo.

Rechazado por su pueblo muere Moctezuma:
dios, rey y prisionero.

Cuauhtémoc, redentor del reino Azteca,
en tu lucha delirante bajo el fuego de armas
y lluvia de flechas,
al ver tu pueblo muerto y estropeado,
te rindes porque ya no existe
tu México-Tenochtitlan.

Cuauhtémoc sufre:
«Ya he hecho todo en mi poder
para defender mi reino,
y pues no ha sido mi fortuna favorable,
quitadme la vida,
y con esto acabareis el reino mexicano.»

No se le reclame a Cuauhtémoc:
«No llores como niño
lo que no supiste defender como hombre.»
Pagó con su vida el precio de la libertad.

~ ~ ~

Despierta el hombre
de ojos verdes tendido sobre tierra.
El Sol contempla su faz mortal en el espejo azul
que ilumina el mundo entero.
Al levantarse,
contempla su alma transparente
teñida de barro rojo, reflejada por el agua
y entiende el sueño: gente blanca, roja y negra
hijos e hijas de Cuauhtémoc,
herederos del paraíso llamado México-Tenochtitlan.


–Puede encontrarlo en el poemario Poemas Caribeños, por Luis S. González-Acevedo o la traducción | modificación en inglés en Caribbean Poet, by Luis S. González-Acevedo–


 

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