Poema… Piel de Sangre

Piel de Sangre

por Luis S. González-Acevedo

Dueño del Caribe, ¿Dónde están tus sueños?
Indiecito caribeño, ¿Qué heredas de tu padre?
Color de piel teñida sobre el pecho
que un Siglo de Oro eterno torna en sangre.

Niño Taíno, ¿Dónde está tu madre?
Busco en vano al varón que llamas padre.
Responde el niño: «Ambos llegarán muy tarde,
cuando el rojo indio de sus manos torne en sangre.»

Eras niño, ahora hombre –me confundes.
Caen de tus mejillas lágrimas y sudor.
¿Sudas al llorar como los fuertes
o lloras al sudar, beneficiando al vil traidor?

¡Indio, quiebra las cadenas y sé libre!
Te invito a una tierra que es siempre tuya,
cuyas nubes lamen de tu cuerpo sangre,
paraíso del cacique Hayuya.

Tierra que enjuga toda lágrima existente
y las encauza en un riachuelo de cristal;
las besa con sus rayos, las transporta el rey celeste
a un lugar, que no es lugar, para lágrimas mortal.


–Puede encontrarlo en el poemario Poemas Caribeños, por Luis S. González-Acevedo o la traducción | modificación en inglés en Caribbean Poet, by Luis S. González-Acevedo–


 


 

Poema… Tiempo en Boriquén


Tiempo en Boriquén

por Luis S. González-Acevedo

Medito sobre tiempos ya pasados
que el afán de cada día me hace olvidar.
Momentos de infancia tan preciados
que hoy entre nieblas sólo puedo recordar.

Daría mi vida y alma por ser niño,
por disfrutar las fantasías de ayer
en brisas refrescantes de cariño
y mientras helado el río aguas beber.

El tiempo vuela. Corre en frenesí.
Es serafín ante el trono de Jehová,
cuyas alas raudas frotando sentí
recogerme y transportarme más allá.


–Puede encontrarlo en el poemario Poemas Caribeños, por Luis. S. González-Acevedo–


 

Poema… Un Niño

Un Niño

por Luis S. González-Acevedo

Cae el sol sumergiéndose en un mar de trigo.
Torrentes de leche acarician los montes.
Si el invierno azota, lucimos abrigo.
Mientras muere el día, nace un bello horizonte.

¡Cuánta abundancia nos engendra este mundo!
Lo superfluo y dispensable desechamos.
Del infierno nuestro amor es oriundo.
No palpa la miseria de este mundo.
La riqueza y abundancia hurtamos.

Tambaleándose un niñito africano,
cae al suelo y se encorva a sufrir.
Cae la madre sobre el niño asesinado
por un mundo vil que le permitió morir.


–Puede encontrarlo en el poemario Poemas Caribeños, por Luis. S. González-Acevedo–