Poema… Pasión

Pasión

por Luis S. González-Acevedo

Entre la fantasía de palabras
y el éxtasis sin razón,
sólo tú permaneces
en las moradas de mi corazón.

El amor que tú me brindas
al corazón es emoción;
al amor que correspondo
es sin igual comparación.

Tú, mi amada tan querida,
yo jamás podré olvidar;
mientras más dure mi vida,
más y más te quiero amar.

Bendita amada mía
que mi adolescencia acompañó;
Ella: la luz de alegría
que mis penas mitigó.

De tus manos mil caricias
y mil besos recibí,
de tus brazos mil delicias
y tu eterno amor sentí.

Tus miradas mil ternuras,
tus labios fuentes de amor
y tu pasión bajo su esfera
me vistió con su esplendor.


–Puede encontrarlo en el poemario Poemas Caribeños, por Luis S. González-Acevedo o la traducción | modificación en inglés en Caribbean Poet, by Luis S. González-Acevedo–



 

Poema… Final

Final

por Luis S. González-Acevedo

Solitaria vida de un amor intenso
bajo sombras abnegadas…
Subyugada en un helado infierno
que por dentro arde y por fuera nada.

Torna el viento en remolino rosa el aire
cuya flor envejecida burla su canción.
Austero es el veneno del desaire
asesinando al embriagado de pasión.

Corren lágrimas sufrientes por su rostro
compitiendo y anhelando llegar al corazón.
Desgraciadas que celebran su vil logro
hiriendo la vasija de una erótica emoción.

Tras el velo de una nube tropical
y al alcance de su majestuoso roce claro,
aparece su silueta infernal
y eróticamente retorciéndose le lleva al hado.

Con su cuerpo sobre el de ella, se lastima
rozando su piel con los nervios de ella en desnudez;
teniéndola la pierde y su propia alma castiga
acariciando sus encantos por última vez.


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Poema… ¿Quién con Amor Atormenta?

¿Quién con Amor Atormenta?

por Luis S. González-Acevedo

¿Quién con amor atormenta?
¿Quién destruye el alma
con una caricia de pasión?
El dolor no confunde;
sino lo que confunde produce dolor.
Angustia, no del cuerpo, del alma.
¿Quién soy que con conciencia pura
entrego un beso y peco?
¿Quién soy que al entregarme hago mal?
Ese yo es un anhelo.
Un deseo de entregarme a la esclavitud
que sólo el amor produce.
Deseo de entregarlo todo,
sin retener un sentimiento
o una caricia…
¿Quién con amor atormenta?
No lo sé.
¿Quién soy? El pecador puro, preso;
dominando la irreprimible emoción,
encarcelando la inatrapable pasión.


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Poema… Ángel y Sirena

Ángel y Sirena

por Luis S. González-Acevedo

Ángel y Sirena de ojos bellos y mirar severo,
figura que enternece mi mirada;
y aunque cada día recuerdo que no debo,
mi alma a tu silueta queda atada.

Cabello oscuro que seduce sin hablar,
piel de perla en cuerpo de sirena;
cualquiera su vida entregaría por besar
a la sirena bella con nombre de reina.

Dulce cintura diminuta que mis manos tienta,
piernas delgadas que hipnotizan en locura;
el sol de mil pasiones con miel calienta
la pasión que en mí ha perdido su cordura.

Tus labios entreabiertos adornan la entrada
de tu alma y cofre de placer;
tus ojos cristalinos me cantan la balada
que revela quién eres y todo lo que puedes ser.

Sirena y Ángel queda quieta en tu solemne trance;
entrégame en los brazos tu figura y peso
y así con tu piel el dulce enlace,
al sentir tus labios con un beso.

Ángel y Sirena queda quieta en tu solemne trance;
entrégame en los brazos tu figura y peso
y así con tu piel el dulce enlace,
al sentir tus labios con un beso.


–Puede encontrarlo en el poemario Poemas Caribeños, por Luis S. González-Acevedo o la traducción | modificación en inglés en Caribbean Poet, by Luis S. González-Acevedo–



 

Poema… Amor de Rosa y Clavel

Amor de Rosa y Clavel

por Luis S. González-Acevedo

Hace siglos, en lugar muy apartado,
rodeado por murallas de jazmín,
paraíso diestramente cultivado,
se extendía con toda pompa un bellísimo jardín.

Doblándose el jardinero sembró
la semilla de una rosa y un clavel;
con paciencia cada día las cultivó,
protegiendo su belleza, esencia de su ser.

Un día, el clavel miró a la rosa,
de igual forma, la rosa al clavel;
ésta para aquél: la más hermosa,
éste para aquélla: hermoso ser.

No tardaron en jurarse amor eterno;
fue la Luna testigo de su pacto;
de aquel momento en adelante sempiterno,
fue el amor condición de su contrato.

Mas un día un tulipán la rosa vio
y de inmediato le entregó su corazón;
al clavel en el olvido archivó
por pasiones pasajeras, sin razón.

El clavel fue enterado del asunto;
fue herido por la rosa con punzón;
quedó inerte, perforado y moribundo
con la espina de la rosa en corazón.

El Sol lanzó sus rayos asistiéndole en su muerte,
cada pétalo en flor deshidrató;
este, del clavel, destino y suerte:
bañándole, llorando marchitó.


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